De gustos y decepciones

Heme aquí, con unos 63 kilos qué nunca había pesado. No me voy a justificar, no quiero hacerlo hoy, porque ya no tiene caso, cuando pesaba mucho menos no me hiciste caso y ahora que peso más no creo que cambie el asunto. No creo que te guste por mi cuerpo que ya he explotado, qué para eso tienes a la odontóloga delgada o a la modelo de piernas  largas, a la periodista que de senos hermosos y piernas duras, a la comunicadora de ojos bellos y a las otras chicas con finísimos atributos que no puedo negar y que igualmente las hace bellas, pero no soy ellas y no pretendo serlo.

En efecto, no soy delgada, y ya no busco serlo, no pienso que sea mi más grande atractivo. Sí, soy disciplinada y me ejercito, y tengo una seguridad de que podría conseguir a quien yo quisiera si fingiera ser quienes ellos quieren, no me importaría por unos días, ya lo he hecho antes. Solo que ahora me gusta ser más quién ve películas y las critica retomando esos libros que solo algunos hemos leído y haciendo preguntas de interpretaciones y contando detalles que pocas personas conocen;  quien sale por las tardes sin que le importe lo que digan de ella o por como viste, me gusta ser quien se compra un helado y no espera que se lo inviten, quien se arriesga a ir a una fiesta llena de desconocidos, quien le cree más a una amiga que a alguien que no ha mostrado nada por ganarse la confianza.

Me gusta arriesgarme a sentir esas cosquillas que ya estaba olvidando cuando me las ocasionan los nervios de ver a alguien y que me vea a mí, y me encanta sentir esa adrenalina de saber que podría pasar algo más en cualquier momento porque es parte de ese momento que me hace sentirme cómoda y feliz, olvidándome y recordándome.

Me gustan esas decepciones de esas personas que me vuelven loca, para seguir soñando, pero aún más me gustan esas perversiones qué creo en mi mente cuando estoy con alguien más. Me gusta amarme y demostrármelo cuando le coqueteo a alguien más con esas faldas locas, mi cabello despeinado y esa intelectual y molesta forma de hablar, incomodando a quienes sé que no van a durar ni un segundo conmigo, y sintiendo el placer de encontrar con mucha suerte a alguien que es tan inteligente y hábil como para que se me olvide la hora en la que me tenía que ir.


Me gustas, me gusta la gente ocupada que sabe organizar su tiempo, porque sé que cuando coincidimos ambos es porque realmente estamos interesados. Me gustas como hace mucho tiempo no me gustaba alguien y que había olvidado que puedo sentir de nuevo y comenzar a preguntarme tantas cosas sobre ti.  

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